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Una serie de árboles se relacionan con una pequeña computadora. La vida y
la mecánica, lo acogedor y lo distante. Pero paradójicamente es la máquina
la que reacciona ante la presencia de otros seres, vivos o muertos, que se
mueven delante de ella; los árboles ni se inmutan. Realmente los árboles no
son tales sino fotos, simples representaciones visuales, además manipuladas
digitalmente. Si consideramos que las fotos no lo son de árboles reales sino de un
bonsái artificial, deberemos admitir que el único ser vivo presente en este
libro instalación es la máquina.
La electrónica y programación de esta obra se realizó en los talleres de
Medialab-Prado en Madrid, en junio de 2009 con el asesoramiento y supervisión
de Ángela Ramos.
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