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Manjarín
Es este un lugar muy especial en el Camino. Situado justo después de la
Cruz Hierro. Para muchos una reunión de locos, incluso un poco pasotas y drogadictos. Nada más lejos de la realidad. No solo no me pareció una reunión de locos o de pasotas, tampoco me pareció un sitio donde hubiera drogadictos. Si me pareció que había una mujer con antecedentes en el consumo de drogas. Es un lugar llevado por Tomás, un hombre que parece haber abandonado las pompas del mundo; en mi opinión fue una persona con una posición desahogada en el mundo pero que no le satisfacía, en un momento determinado decidió abandonarlo todo y montarse su rollo medio eremita; en el Camino encontró el suyo, un poco a la manera de Shiddarta. El Pera, un hombre sencillo pero con gran sensibilidad, así supo verlo y no sé de que manera, pero solo como él sabe hacerlo se hizo amigo de él sin que me diera cuenta. Como yo, opina que no es un pirado de la vida. Había también una mujer que nos atendió con toda delicadeza y que tenía el aspecto de alguien que ha visto la cara al diablo. Es la que pienso que en algún momento fue drogadicta, la delgadez extrema de su rostro me lo decía. Al despedirme le di un beso, algo me dice que no le gustó. Había otra mujer, quizás mas joven que la anterior, o por lo menos lo parecía. Sentí una atracción especial por ella, solo la vi un momento y no pude despedirme. Pero tú eres jovencísima, le dije. Tengo veintiocho años, me contestó. Tenía algo de inocente. Manjarín es un sitio para quedarse por lo menos una noche, yo no lo hice pues llegamos demasiado pronto y el Pera tenía que cumplir sus jornadas. Seguimos pues nuestro camino. |