Logroño
.En Logroño empezó mi transformación, yo decidí ir a Media Mark a comprarme unas camisetas térmicas que me había recomendado el Pera para la marcha, por otro lado algunas de las que traje se me iban rompiendo. Como consecuencia de ello ninguno de los dos pudimos visitar esta ciudad que nos habían dicho que era muy interesante, todo el tiempo lo pasamos en el parque comercial de la ciudad, que está a las afueras, Cuando volvimos ya era lo suficientemente tarde como para visitar prácticamente nada.

Aquel día habíamos comido gracias a que las chicas nos invitaron a compartir su mesa, a la hora de la cena buscamos los dos un  restaurante que nos recomendaron en el alberque, allí se presentaron el matrimonio de Manacor, los malagueños, David y su amigo, la mallorquina y el mojador, creo que fue una cena de los más pintoresca, pues creo que los peregrinos más peculiares de aquella hornada estábamos allí. Fue aquella noche cuando el mojador me hablo de la lotería en Levante y donde tuve la sospecha de que a él le había tocado. Fue la última vez que vi a la esposa del matrimonio de Manacor, mantuvimos una animada conversación pues se sentó a mi lado. Aunque había pedido el menú, pedí aparte una copa de rioja pues no me parecía apropiado tomar aquel vino de mesa que nos sirvieron estando en Logroño. No me la cobraron, La amabilidad con que nos trataron nos sorprendió después de las jornadas de Navarra, donde el peregrino no parecía bien visto.

Aquella tarde, cuando volvimos al albergue después de estar en el parque comercial, nos encontramos con la mujer de José Ramón que se había acercado a visitarle, quedó claro que entre ella y yo no había filing, me miró como si hubiera abandonado a su marido por el Pera, lo cual era cierto.

Aquel día vimos por primera vez a Antonio el italiano y a su amigo, Antonio estaba en la cama superior de mi litera y su amigo en la cama inferior de la de enfrente mío. Se movió mucho durante toda la noche.