Burgos
Burgos fue un punto de inflexión en nuestro recorrido en común ya que nos despedimos de muchos compañeros de viaje con los que habíamos llegado a tener una cierta relación, como por ejemplo las chicas, aquel día se vio mejor que en otras ocasiones quienes habían depositado en nosotros algún tipo de sentimientos y debo decir que fue Ana la ilicitana, la que apreció sentir de una forma mas profunda nuestra separación, sabía que sería difícil volver a encontrar al Pera.

Dormimos en un pequeño albergue en el centro de la ciudad, regentado por una rumana ecologista por horas que adoptaba un poco el look de Ania.

La entrada la hicimos en autobús para pasar toda la zona industrial muy desagradable, allí una señora aplaudió la fidelidad del Pera.

Hicimos el recorrido de la ciudad, visitamos la catedral, el castillo (tenemos el Pera y yo una foto que nos hizo Ana con la cámara de este). Comimos de tapas en un mesón que dan buenos platos muy baratos y acompañamos a las chicas a comprar recuerdos para sus niños. Fue una bella tarde de domingo, como si las chicas y nosotros fuéramos un grupo de matrimonios amigos que han visitado una ciudad de turistas.

Pero no era cierto y la tristeza de Ana lo cubrió todo. Recuerdo aquel día como muy hermoso pero a la vez profundamente triste.
Sin visión del Pera